Durante la última década, las principales marcas globales de autos hicieron una apuesta a todo o nada: prometieron que la transición al auto 100 % eléctrico sería inmediata, limpia y sin escalas. Sin embargo, en los mercados reales —donde la infraestructura de carga aún está en pañales y los subsidios comenzaron a desaparecer— la realidad demostró ser muy distinta. En un movimiento que parecía una contradicción absurda, BYD, el gigante que superó a Tesla en ventas de baterías