Durante más de medio siglo, la industria de los autos de alta gama operó bajo una ley física que parecía sagrada: si querías tomar curvas a velocidades astronómicas sin salirte de la pista, tenías que instalar un alerón de fibra de carbono gigante en la cola del vehículo. Sacrificabas velocidad final a cambio de mayor agarre. Sin embargo, en el Salón del Automóvil de Beijing, una empresa de electrónica de consumo derribó matemáticamente esa filosofía europea de un siglo de an